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| "Eduardo III" | ||||
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Malograda puesta en escena de Mónica Maffia, una obra que pretende ser espectacular pero no puede y se convirtió en un comic con gran cantidad de actores en escena que a veces no saben para dónde dirigirse en el movimiento escénico, una historia que sucumbe por su ritmo anodino y termina aburriendo al espectador. | |||
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Estreno
Latinoamericano
TEATRO
IFT (Sala Principal) Funciones:
Miércoles – 21.00 hs.
Eduardo III -por ser hijo de la princesa Isabel, hija de Felipe el Hermoso- hereda la corona de Francia, pero un grupo de rebeldes, no reconoce la línea sucesoria materna y usurpa el trono dando comienzo a la Guerra de losCien Años. Asimismo, la noticia de que el Rey David de Escocia invade el norte de Inglaterra dispara la segunda línea argumental: la pasión que Eduardo III siente por la Condesa de Salisbury lo ciega de tal forma que pierde de vista la línea que divide lo legal de lo ilegal, el bien del mal, lo justo de lo injusto y es precisamente en situaciones dramáticas que generan el dilema de mantener o quebrar promesas, donde se unifican las dos líneas argumentales. El personaje de
la Condesa y la pasión del Rey, generan una situación
muy similar a la planteada por el mismo Shakespeare en su poema La
Violación de Lucrecia, es decir, el abuso del poder patriarcal
sobre el cuerpo de las mujeres. No es casualidad que la dramaturgia
de Mónica Maffía haya vertido este texto en un unipersonal
que representa desde hace 4 años. De la misma forma que Lucrecia
al violador Tarquino, la Condesa de Salisbury le recuerda a Eduardo
III los derechos del ciudadano y las obligaciones del gobernante,
el respeto por la palabra dada, con firmeza y con majestuosa altura
rechaza los avances sexuales del Rey que entra en razón y vuelve
a concentrarse en los asuntos con Francia. En las afueras de Calais, comparecen ante el Rey Eduardo, seis franceses hambrientos y moribundos. En vez de matarlos, los perdona y les da de comer. Pero cuando los habitantes de Calais anuncian que se rinden con la condición de que se respeten sus bienes, el rey ordena que se presenten ante él los seis más ricos de la ciudad, en camiseta y con una soga al cuello. Esta anécdota, inspirará a Rodin siglos después para realizar su composición escultórica LOS BURGUESES DE CALAIS.Mensajeros de las tropas enemigas francesas hacen llegar al Príncipe Eduardo, tres afrentas: la primera, que él y cien nobles se arrodillen ante el rey de Francia para impedir entrar en batalla; la segunda, un caballo que le sirva para huir; la tercera una Biblia que le sirva para rezar antes de morir. El episodio se cierra con reflexionesacerca de la muerte, que proporciona el anciano Audley, de la corte inglesa. Nueva batalla,
esta vez en Poitiers. Una profecía advertía a los franceses
de que cuando los asustaran las aves y las piedras llovieran del cielo,
romperían filas y perderían. Efectivamente, unos cuervos
que sobrevolaban los hace entrar en pánico y los ingleses sustituyen
sus flechas por piedras. El Príncipe Eduardo gana la batalla,
pero su amigo y consejero Audley es gravemente herido. Finalmente, después de una falsa noticia de su muerte, se presenta el Príncipe Eduardo con su prisionero, el rey Juan II de Francia.
Eduardo III, una aburrida puesta en escena con la inclusión de un joven con su computadora y su video juego de batalla franco-inglesa, que si renaciera W. Shakespeare y la viera, de seguro volvería a su tumba a descansar en paz por tamaña irreverencia a su magnífica obra. Actoralmente el numeroso elenco presenta fisuras de esas que demuestran poco ensayo, sobre todo cuando deben hablar dificultosamente ese gangoso pseudo francés muchas veces no entendible para el público, ni creemos para los actores mismos, sólo se destaca por la naturalidad de su actuación Sergio Oviedo como el Rey Eduardo III muy histriónico. Una mención especial hacemos también para la labor de Gonzalo Villanueva, quien compone el simpático personaje de Ludovico en excelente actuación. La intrascendente banda de sonido realizada por Alejandro y Ricardo Vergani no aporta nada a la obra. El diseño de Iluminación es primitivo y la escenografía de la misma Mónica Maffia es pobrísima, carece de estética y llevan a que el espectador haga uso de su imaginación para creer que está en Palacio, o fuera de él, por ejemplo. Quizás el “touch” que pretendía ser diferente y modernista de la puesta, está dado en la actuación de un joven sentado frente a su computadora, totalmente compenetrado en un video juego que centra su acción en el campo de batalla, siendo su inclusión una "paparruchada importante que distrae al público" más que aportar positivamente a la puesta.
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